martes, 17 de agosto de 2010

Mi padre (XXII): Paternidad


La casa estaba fría después de los días pasados en el hospital. Hubo que encender el brasero eléctrico y poner en marcha la calefacción. La noche se presentó con inusitada rapidez. Los familiares se marcharon a sus casas, y allí quedamos mi madre y yo solos. La casa seguía estando fría. Yo también tenía que irme, para reanudar mi vida y mis ocupaciones. En todo el tumulto de la muerte y el entierro, no se me había pasado por la cabeza el hecho de que mi madre se iba a quedar sola; más de medio siglo al lado de mi padre, con sus más y sus menos, y ahora ella se enfrentaba a una nueva vida. Aunque la veía tranquila y resignada, noté que una pena inesperada se removía en mi interior. Nuevas lágrimas, más fluidas y premiosas, hincharon mis párpados.

-¿Qué te pasa, hijo? –me preguntó ella.

-¿Qué va a ser de ti, mamá? –dije sollozando-. ¿Cómo vas a poder quedarte sola en esta casa?

-Es mi casa, ha sido mi casa siempre. Si tu padre hubiera muerto aquí, me daría apuro. Pero yo quiero quedarme aquí, en el pueblo que me vio nacer.

-Mi vida no está en el pueblo.

-Y yo lo entiendo, hijo. Tienes que atender a lo tuyo.

-Nunca te abandonaré.

-Eso ya lo sé. Vete tranquilo.

Nos fundimos en un emocionado abrazo. Todo lo que había sentido, todo lo que había callado, se desbordó ante el abrazo de mi madre. Ella salió a la puerta para verme ir, como tantas veces ha hecho siempre que he ido al pueblo tras la muerte de mi padre. ¡Cuánto ha sufrido desde entonces! Las enfermedades han venido unas detrás de otras (algunas leves, otras peligrosas), pero ella continúa en su casa, llevando una vida apacible y reposada. Ya no es mi madre; ahora es mi hija y yo soy su padre. Ahora hacemos juntos las cosas que antes ella hacía con mi padre. Vamos juntos a hacerle la compra; vamos también al hospital a consultas e ingresos; me observa trajinar en la cocina, mientras le preparo alguna comida que tomará durante los días de entre semana; ha conseguido hacer de mí un experto en bricolaje para arreglarle cosas en la casa del pueblo, cuando antes yo apenas si sabía manejar un destornillador; me habla de los libros que lee, de los programas de televisión que ve, de los cotilleos del pueblo que llegan a sus oídos… Está viva, y ahora es como si fuera mi hija. Aunque ya no pueda salir a dar largos paseos por los campos, sabe que mis brazos la llevarán a ver las flores del cementerio el día de Todos los Santos; que juntos contemplaremos las fotografías de mi padre y de ella en la lápida y rezaremos bien conjuntados una oración por el descanso de sus almas. Luego que me pida lo que quiera: que la acompañe al podólogo, que le traiga agua del manantial del Chorrillo, que le compre queso tierno de Almodóvar del Campo… Lo que quieras, mamá. No volveré a equivocarme de nuevo.

CONTINUARÁ… (último capítulo).

El jardinero de las nubes.

7 comentarios:

trobador dijo...

Querido amigo, estamos en situaciones muy parecidas, yo tengo una niña, que es mi madre, me encanta cuidarla y hacerle de reír, cuando pienso en lo que ella a pasado y hecho por mi, se me saltan las lágrimas del alma.
estoy segurisimo que lo haces muy bien, con ese corazón, no puede ser de otra forma.
Animo querido amigo.

El jardinero de las nubes dijo...

Querido amigo Trobador:

Sé muy bien, hasta por tu propia madre, lo buen hijo que has sido siempre con ella. Y es hermoso arrancar sonrisas cuando tan fácil es arrancar lágrimas. Yo a mi madre la bromeo mucho, y de vez en cuando la muy tunilla me esconde mi brocha de afeitar para verme la cara buscándola.

Sé también que has ayudado a mucha gente que sabías que no podrían devolverte el favor de antemano, y esa nobleza por desgracia no abunda mucho en el pueblo.

Por éstas y otras razones te tengo en todo mi afecto, aunque haya gente del pueblo que no entienda por qué te aprecio tanto. Gente que sólo les falta verte con el rabo, el tridente y apestando a azufre.

Gracias de corazón, amigo mío.

Marisa dijo...

Hasta ahora, querido Jardinero, has hecho un hermoso y sentido tributo a tu padre que en gloria esté, pero esta entrada que has dedicado a tu madre es de lo más hermoso que he leído hacia aquella que nos ha dado la vida.

No sólo te he visto acompañándola y dándole todo ese cariño que albergas en tu corazón sino que has conseguido que, inmediatamente después de leer tu entrada, sintiera un poderoso deseo de hablar y dar cariño a la mía.

La fuerza de tus sentimientos y de tu espléndida prosa en este relato, tiene la magia de tocarnos el corazón y movernos al lado de quien siempre nos querrá por encima de todo lo que seamos o hagamos.

Gracias por este milagro de relato que, lejos de adulaciones, es una verdadera joya.

Un sentido abrazo, amigo.

Judith Bascones dijo...

Es uno de los escritos mas bellos que he leido de ti. A traves del tiempo,si cuentas todavia con la presencia de tu madre en la vida, es una gran bendicion de Dios. un abrazo. Judith

Prunus Avium dijo...

En tus post se encuentra diluido tanto amor por tu familia , que nos salpica a quienes lo leemos .

Nubbbe dijo...

A veces el pasado nos ataca de golpe... y por las circunstancias nos damos cuenta de que tenemos una nueva oportunidad,en el presente, de hacer lo que no hicimos, o al menos de no equivocarnos de nuevo.

El dia a dia con la gente que queremos, que tenemos cerca, lo vivimos como algo tan natural, como algo eterno, que no pensamos que se pueda perder. Hasta que la consciencia nos asalta de repente, haciendonos ver el posible futuro.

Es bonito preocuparse a tiempo por los que nos rodean, y sentir esa satisfaccion de estar haciendo lo correcto, lo necesario, y de sentir que sabemos valorar lo que tenemos, antes, y no despues de perderlo...

Tu madre debe estar orgullosa de su hijo. No hay nada mas triste que sentirse solo de sentimientos. Tu madre puede que viva sola.. pero contigo jamas se sentira sola.

Cuando alguien parte al otro lado, la soledad del que queda aqui es inmensa, extraña. Y aunque aun se pueda percibir la presencia del que marcha, la realidad se palpa tambien, en extraña conjuncion. Y es entonces cuando mas se necesita de un hombro, una mano amiga, un apoyo... tu madre lo tiene. Los dos sois afortunados por ello.
No es facil ser un buen hijo a todas horas, o quiza si. De cualquier modo, tú lo consigues...

Me encanta la ternura con que escribes... Tus letras rezuman cariño y amor, dulzura y paz...

Un beso, amigo...
Encontrar este sitio, y a ti... fue una gran suerte... :)

Nubbbe.

Anónimo dijo...

Hermoso escrito el último parrafo me trajo lindos recuerdos, una historia real que vivi hace tiempo.Recuerdos que conservo con mucho amor.