viernes, 13 de febrero de 2009

Sombras en Cornualles (VII): Conmoción tras la marea negra


-En buena hora hemos hecho nuestra aparición en Dawning -oí murmurar a mi padre, cuya desencajada semblanza era fiel reflejo de la preocupación que experimentaba ante el porvenir inmediato.

Se daba el caso de que la aldea contaba con un alcalde con una figura ultrajada por el paso de los años y el contacto de las sales marinas. Respondía al nombre de Ray Bates, pero era más bien conocido en el lugar por el apodo de colmillo de murciélago. Tras haber pasado la mayor parte de su vida a bordo de innumerables barcas pesqueras, tenía los huesos atormentados por la acción de la humedad, padeciendo por ende frecuentes ataques de reumatismo. Era de los pocos pescadores que había tenido ocasión de aprender a leer y escribir, y muchos opinaban que la vara de alcalde le venía como anillo al dedo.

Pero no se trataba de un hombre de espíritu combativo; bajo su mandato Dawning ni había prosperado ni se había sumido en acusado declive. Ahora había llegado el momento de experimentar la angustia en toda su crudeza, y colmillo de murciélago no se sustrajo a la aflicción general. Gran cantidad de peces y moluscos muertos se veían desparramados por los arenales. En los páramos de los alrededores no crecía el suficiente pasto para sostener una abundante cabaña ganadera. La tierra era gredosa en su mayoría, y sólo en virtud de grandes esfuerzos permitía germinar algunos frutos... Desde luego, el panorama no se presentaba muy halagüeño.

-Alcalde, ¿de qué vamos a vivir ahora? -arrojó esta pregunta una mujer viuda con seis hijos a su cargo.

-Tendremos que confiar en la bondad de Dios y en nuestras propias fuerzas -respondió el interpelado con un acento que no sugería mucha esperanza.

-¿Vamos a tener que abandonar nuestros hogares? -añadió un tercero.

-Aún es pronto para tomar tan drástica decisión -replicó el alcalde.

-¿Entonces qué? ¿Vamos a tener que pedirle al señor de la casa solariega que nos mantenga?

-No sería una mala solución, ¡voto a bríos! -comentó otro hombre con voz atiplada-. Ahora tendría que dar la talla, después de tantos tributos como él y sus antecesores nos han cobrado en el pasado.

-Es verdad. ¡Nosotros no somos sus lacayos!

-Disfrutan del dinero de nuestros antepasados.

-Pues que aflojen la faldriquera. Ahora lo necesitamos para comer.

La conversación que se había suscitado entre los pescadores se estaba saliendo de orden. Era palpable la hostilidad que los lugareños sentían hacia nosotros, los habitantes de Dawning House.

La inquietud que podíamos experimentar era tanto más acusada cuanto que aún quedaban cercanos en el tiempo los años en que las clases humildes de Francia se habían levantado contra sus opresores, lo que no quitaba que este último calificativo se hubiese aplicado erróneamente en incontables ocasiones. ¿Cuántas gentes hubo de noble cuna, auténticos espejos de virtudes y misericordia, que por el solo hecho de no tener un origen humilde habían terminado con sus cabezas cruelmente cercenadas? En Francia se habló entonces del inicio de una nueva era. Empero, una pasión y un entusiasmo mal controlados dio pie a una orgía de sangre (en muchos casos inocente) y a que la justicia acabara con los ojos descubiertos y con los pesos de su balanza falseados. No era extraño que aun después de pasado cierto tiempo mucha gente de alcurnia de cualquier parte del mundo tuviera pesadillas en las que aparecían cestos rebosantes de cabezas cortadas, bajo guillotinas percudidas de sanguaza.

Lo cierto es que la sumisión de las clases humildes hacia las clases nobles se había visto muy mermada, habida cuenta de lo que había acontecido en Francia. Los reproches que ahora los lugareños de Dawning nos dirigían portaban importantes dosis de insolencia y resentimiento. Me fue posible observar que los dientes de mi madre se ponían a castañetear de puro pánico. Nos sentíamos en el centro de un círculo de creciente hostilidad.

No obstante, mi padre tenía nervios de acero y no mostró la sensación de amilanarse lo más mínimo. Dio tres pasos hacia el frente, recorrió con mirada neutra los rostros indignados y al mismo tiempo desesperados que le rodeaban y se quedó unos instantes pensativo, como rumiando una respuesta que pudiese serenar los ánimos. Al cabo alzó los brazos para reclamar la atención y el silencio de los circunstantes.

-Habitantes de Dawning, aunque no lo parezca nuestras manos están tan vacías como las vuestras -exclamó con voz suave pero firme-. Teníamos en Italia un negocio que florecía, mas de repente llegaron los tiempos adversos: la ruina monetaria y la ruina personal... -Los ojos de mi padre parecían evocar la imagen de la hija ausente-. Hemos venido a llevar una existencia modesta en la tierra que una vez aprendimos a querer. Este noble deseo es todo el patrimonio que podemos ofreceros.

Mi padre dio fin a su improvisada arenga tragando saliva de forma notoria; mientras peroraba se había olvidado de respirar, y ahora era cuando los nervios empezaban a jugarle una mala pasada. Miró en derredor esperando que alguien le contestara, pero nadie se atrevió a hacerlo. Los lugareños nos ignoraron rápidamente, y atendieron a otros asuntos de mayor importancia para ellos.

Beresford se aproximó a mi padre, y le dijo:

-No le faltan agallas, milord. Ha sabido aplacarlos. No obstante, vaya haciéndose a la idea de que a partir de ahora sólo encontrará rostros huraños cada vez que baje a la aldea.

-Es el precio de vivir aquí en las actuales circunstancias -adujo mi padre con la voz teñida de melancolía.

CONTINUARÁ...

El jardinero de las nubes.

3 comentarios:

medianoche dijo...

Ya, tu padre supo como dominar el miedo y logro hacerlo ayudado con sus sabias palabras.

Besos

Eterna aprendiz dijo...

Mi querido Jardinero, amenizas mi noche con tu relato. Me gusta mucho el tono tan delicado que siempre le das, tan suave que es como seguir un punto y formar un dibujo, sin apenas darte cuenta, y llegas al final de pronto...
Besitos

judith dijo...

Hay que tener guaramo para enfrentar esas personas y defender su punto de vista con una buena fundamentacion. te seguire de cerca tu relato.

un abrazo

judith