lunes, 8 de diciembre de 2008

La expedición ornitológica (VIII): El proyecto de la expedición


Desde entonces, Genaro Andolini no volvió a mantener los labios cerrados mientras hablaba.

Se mostró muy deprimido los tiempos subsiguientes a tan triste suceso. Ya no desplegaba su entusiasmo de otrora al enseñarme; había veces en que yo me veía en la decepción de volver de vacío a Ancona, por cuanto mi maestro no se había sentido con ánimos para dirigirme la menor palabra.

Como observara que su depresión iba en aumento de día en día, decidí confiarle a mi padre mis temores de que Genaro acabara muriéndose de pesadumbre. Encontré unos oídos receptivos en mi padre, ya que al término de mi detallada explicación me dijo:

–Es lamentable lo que me estás contando. La vida de ese hombre ha estado tan plagada de tristeza, que resulta cuando menos indignante que aún no haya visto un fin a sus cuitas.

–Eso mismo opino yo –admití al tiempo que exhalaba un suspiro.

–Ya que él no es capaz de dar con una solución a sus desdichas –prosiguió mi padre–, habrá de recibir un impulso externo que le permita transitar por sendas más favorables. Ahora mismo se me está ocurriendo una idea... Sí, resultaría estupendo disponer en las bibliotecas de un vademécum de las aves de la península itálica. Si alguien puede llevar a cabo tal empresa, ése es Genaro Andolini, habida cuenta de su mucha preparación en materia ornitológica. La realización de ese proyecto implicaría un viaje a través de Italia, el cual serviría asimismo para infundir optimismo en un espíritu tan melancólico como el de nuestro amigo. He de reconocer que siento un profundo aprecio por él, y no me importaría sufragar su viaje, amén de que conozco a un editor de Milán que estaría encantado de publicar tan estupendo trabajo. ¿Qué te parece, Paul?

El entusiasmo irradiaba de mis pupilas, y esto le bastó a mi padre como respuesta a su pregunta.

A la mañana siguiente me acompañó a los acantilados, y le pintó el proyecto a Genaro con tan vívidos colores, que éste no pudo por menos de escucharle con interés manifiesto.

Genaro accedía a llevar a cabo el trabajo siempre y cuando yo pudiese acompañarle; aducía que la expedición ornitológica acabaría de poner el broche a mi aprendizaje de todos esos años.

–No veo ningún inconveniente –respondió mi padre–. No obstante, tendremos que aguardar al verano, que es cuando Paul tiene vacaciones en la escuela.

Yo me sentía desbordante de felicidad. Estaba a punto de embarcarme en una aventura que me cautivaba totalmente.


CONTINUARÁ…

El jardinero de las nubes.

3 comentarios:

rosario dijo...

Se abriría un mundo nuevo para él, lleno de aventuras con el maestro que más sabe de aves, sigo leyéndote amigo.

Besos

objetivopoetas dijo...

Querido amigo, te envío invitación para que participes en el blog RUTAS NARRATIVAS, si te parece oportuno.
Un abrazo, Anna (BE)

Anónimo dijo...

Sacar a este pobre hombre de su depreción, fue algo muy noble de parte del padre.Sigo leyéndo el siguiente. Abracitos.