viernes, 19 de diciembre de 2008

La nieta del afilador, una historia navideña (I): La tradición de los maestros afiladores


Aquel año la nieve llegó temprano a cubrir el pico de la montaña que dominaba mi pueblo y que era conocida como la Montaña del Nacimiento. Mi pueblo se llamaba Umbría de los Vados, y bordeaba la ruta más boscosa del Camino de Santiago. Estoy por decir que era el invierno de 1975 el que a pasos agigantados se acercaba, pero ha pasado tanto tiempo que ya no estoy seguro de ello. Tengo que luchar con los desafueros de mi mente para que no se me borren las facciones de Constanza, tal como la veía aquellos días de Adviento de 1975, creo yo. Yo tenía 9 años y ella me sacaba alrededor de 7. Ella sabía que yo me llamaba Andrés. Solía llevarme de la mano en primavera a ver los nidos que las golondrinas habían colgado en la fachada de la escuela. Constanza era mi amiga, y vivía en una cabaña del llamado Bosque de los Arroyos... No permitas, Dios mío, que en esta noche de tu nacimiento se me olviden sus dulces facciones; no quiero quedarme sólo con el recuerdo de su gorro de lana de vivos colores.

Constanza provenía de una dinastía de afiladores, de la cual ella era el último vástago. Vivía con su abuelo, maese Simón por buen nombre, en la cabaña del mencionado bosque. No tenía más familia. Su papá había fallecido de un ataque al corazón en la explanada de la iglesia, una fría mañana de enero que salió a ejercer su oficio de afilador. Y Constanza se quedó sola en el mundo con su abuelo, maese Simón.

En el pueblo era importante que siguiera la tradición de los maestros afiladores, porque de otra forma la nieve no bailaría con la melodía del chiflo de afilador y no formaría sobre el ventisquero de la montaña la imagen del Nacimiento del Niño Jesús. El chiflo era ciertamente mágico: en el pueblo se contaba que un antepasado remoto de Constanza dio hospitalidad a un peregrino de Compostela que llegó a su puerta una noche de helados vendavales. El peregrino ardía de fiebre y se sabía pronto a morir. Y entonces le entregó a su anfitrión un trozo del Lignum Crucis, esto es, un trozo del madero con el que habían crucificado al Niño Jesús ya hecho hombre. Al parecer, el peregrino había encontrado ese pedazo en una cámara secreta del monasterio de Santo Toribio de Liébana, junto a un pergamino que certificaba su procedencia... El peregrino lloró al terminar su historia, y también lo hizo el antepasado de Constanza. El peregrino se marchó al alba, arrastrando sus pies por el camino resplandeciente de estrellas y flores de nieve. El antepasado de Constanza era afilador de oficio, y decidió fabricar con la santa reliquia un chiflo que sustituyera al maltrecho que tenía. Y de aquí arranca la leyenda: cuando cualquiera de los maestros afiladores de esta dinastía tocaba el chiflo la noche de Navidad, la nieve danzaba y dibujaba en el ventisquero de la montaña el Nacimiento del Niño Jesús: el portal, el pesebre, la vaca, el asno y la Sagrada Familia. Era un milagro que durante siglos había llenado de esperanza los corazones de la gente de Umbría de los Vados.

Cuando murió el papá de Constanza, su abuelo tuvo que volver a los caminos y tocar el chiflo del Lignum Crucis. Maese Simón ya estaba muy viejo, y el frío trepaba por sus rodillas enflaquecidas. Constanza iba a la escuela y mantenía limpia y cuidada la cabaña del bosque. En el otoño de 1975, creo yo, su abuelo se desplomó agotado en el sendero que conducía al bosque, y no pudo levantarse sin ayuda. Se vio en la precisión de guardar cama por tiempo indefinido. Y así fue cómo en las calles del pueblo dejó de escucharse la amada melodía del chiflo de afilador. Surgió entre los habitantes del pueblo la duda y la incertidumbre: ¿danzaría esa Nochebuena la nieve; aparecería en la montaña la imagen del Nacimiento?

CONTINUARÁ...


El jardinero de las nubes.

2 comentarios:

judith dijo...

un bello cuento de navidad con muy lindas descripciones geograficas. Es una bella historia que debe contarse a todas las edades, por lo menos me inicio me ha encantado. Te seguire leyendo..

rosario dijo...

Bueno tú sabes que me gusta leerte, pues regrese a leerlo nuevamente y seguiré en este soporte con esta preciosura. Felices fiestas.

Besos