miércoles, 10 de diciembre de 2008

La expedición ornitológica (X): Lago de Como


El verano se presentaba de una dulzura inusual. Las aguas del lago de Como refulgían como si su superficie estuviese cuajada de diamantes y los árboles de las riberas exhibían su más puro verdor. Los Alpes se perfilaban al fondo en medio de una bruma soleada. Nos detuvimos en Bellagio, que es la población que se encuentra en la confluencia de la horquilla que forman los dos ramales meridionales del lago. Genaro se puso enseguida a la labor: observaba con detenimiento las evoluciones de las aves acuáticas, orientando a Alberto acerca de los bocetos que debía realizar. Nuestro compañero era ligero dibujando y lo hacía con tanta perfección, que a Genaro no le representaba ninguna dificultad reconocer las especies a que pertenecían las aves retratadas.

A mí particularmente me llamó la atención un ave que apareció de repente a la orilla del lago. Tenía las patas tan largas como las de los flamencos y el cuello igualmente largo, si bien encorvado; su plumaje era variopinto, y especialmente me fascinó el tono azul que presentaban sus alas.

–Aquí tenemos una visitante africana –me dijo Andolini–. Nace de unos preciosos huevos azules, y es capaz de comerse un erizo entero. Roncalli, no dejes de hacerle un boceto.

–En eso estamos –murmuró el dibujante, accionando con maestría la barra de carboncillo.

–Y al pie del dibujo no olvides poner su denominación taxonómica: Ardea purpúrea –añadió Genaro.

–¿Ardea purpurea? –intervine yo–. ¿Cuál es su nombre en cristiano?

Genaro me miró con el ceño jovialmente fruncido.

–¡Vaya, mi joven aprendiz! ¿Acaso ignoras que el latín es el idioma más cristiano que existe?

–Me gustaría conocer su denominación vulgar.

–Eso está mejor, Paul. Se trata de una garza imperial, ya que su fastuoso plumaje no induce a pensar en algo inferior.

Yo hice un puchero con la boca, abrumado por los amplios conocimientos de que hacía gala mi mentor.

–¿Podré algún día llegar a saber tanto como usted? –no pude por menos de cuestionarle.

–Ese día te aseguro que me superarás –respondió Genaro con su tono más estudiadamente suave.

CONTINUARÁ…

El jardinero de las nubes.

1 comentario:

rosario dijo...

Ya lo creo que lo superara… es joven y audaz y eso le da mucho tiempo para grandes aventuras, te sigo amigo, gracias por tu lectura seguro que entraste a asterión.

Besos